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Mostrando entradas con la etiqueta Paúl Mendoza Malaver. Mostrar todas las entradas
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*Selección de Jack Farfán Cedrón

¿SOY ÁRBOL?
V
Como si escribiéramos para encontrarnos
Y nunca hallamos la palabra.

Mas es el olvido un instrumento
Y la desesperación nuestro lugar.

Una imagen anda desnuda tras la apariencia
Extraviados ante lo esencial
Desprovistos de entendimiento
Desconocidos e irreconocibles
Pero cómo distinguir si no ves nada
O definir para luego dudar
Una sombra se hace añicos
En ese espejo de la locura nos queremos mirar.

Mas es la soledad un instrumento
Y el desasosiego nuestro lugar.

Oyes la súplica pero no hay atención
Y caes y vuelves a caer
Enredado en tu desconocido ser
Una habitación llevas en el pensamiento
¿Quiénes la habitan?
Viejas ilusiones nunca nos abandonan
Y qué decir de la multitud
Escaso es el tiempo para despertar.

Como si escribiéramos para encontrarnos
Y la palabra no nos halla.

Mas es el pensamiento un diccionario
El corazón un verdadero guía.

¡No huyas! allá la muerte
¡No caigas! aquí la vida.

Un hoyo insondable es la angustia
A diario una existencia se precipita
palabra por palabra, vacías.


¿SOY ÁRBOL PORQUE ME DEFINE LA PIEDRA?
Despertará
y no encontrará un cuerpo
sino un charco
se mirará como antaño
ya no en el cuerpo
mas su reflejo habrá desaparecido
un cielo profundo...


MANO DE PINTOR
V
Escribir como naciendo
En el lugar del corazón
Un ojo se abre una rosa
Más alta que la nube
Más baja que la profundidad
Se halla el sentido.

XII
Más allá
Cuando las flores se encienden
Hay una sombra que nos siente latir
Abre mi mundo como si desnudaras a la persona amada
Ábrelo como si ya abierto un libro
Como si al abrir tus brazos me rodearas
Allá está el silencio e inclina su espanto a una olla, de miedo, fría
Es verdad, aquí la lluvia despierta al anochecer
Nos cubre con las frazadas del tiempo.

Nos callamos
Destapamos hasta la última cicatriz de barro
No he sabido amar, olas que se avientan a tu cintura
En esta tierra donde el mar está lejano
Lejana como una estrella la mar
Como una ciudad de la que huimos

Atados bajo los lobos que aúllan una luna sin noche
Sin otros rostros que los que tenemos en los espejos
No sabré quererte, el viento se viste de cortinas
Atrás, otros cadáveres se ríen de la belleza.

Y no soy más que el vocablo de madera
Gritado por cientos de labios
Cercanos de nuestros confines
Donde sus túnicas nuestros valles se desvisten
Ámame, las hormigas se desprendían,
Como una lluvia de arena, de tu espalda, olvidadas.

XVII
De colores el pensamiento
De colores en una risa que muestra la verdad
Atada a un viento que corre cabalgado en una abeja
Llevado al mundo de los cielos que giran en un ojo
Mirando un anciano su mano arrugada
Triste cae en ese mundo una pena desde las grietas
Desde un corazón que late clavado en un Dios
Que se ha ido sin pensar si cerró la puerta
De la casa anochecida en un calos de fresas
Las moscas sentadas a la mesa
Escuchando una canción en lo alto de sus pestañas
Parpadean un poco y luego derretidas en hojas
Es otoño en mi rostro y los árboles se dejan sin labios.


***
Paúl Mendoza Malaver (Cajamarca, 1983)  fue seminarista en el Seminario San Agustín en Lima y estudió en el Instituto Superior Superior Pedagógico Hno. Victorino Elorz Goicoechea de Cajamarca, donde se graduó como profesor de Comunicación. Parte de su producción lírica y ensayística ha sido publicada en el diario La Industria, de Trujillo; Kcreatinn y Pluma de viento. Ha publicado Espejo ramaje (2008). 



*Selección de Paúl Mendoza Malaver

NAVE
Desaparezco ante los ojos del asombro, a veces he dejado
aureolas, posiblemente observarán después
siluetas.

Para decirlo de alguna manera mis coordenadas son otras.
Partiendo de velocidad cero no tengo distancias,
Este universo es un prisma
en cuyas aristas me muevo, partiendo de C
a C1, C3, vertiginosamente,
y así sucesivamente puedo ir hasta C12.
Aquellos que me construyeron
conocen tan sólo 12 dimensiones.

Y así mis conceptos de distancia empiezan a cambiar,
traduzco la velocidad
en otros ejes
La bellísima sílfide cierra los ojos
Sus enormes pestañas
Son una escultura viviente;
Evocadora sonrisa dibujan sus labios.
Las gotas de su cántaro
Son lluvia de música y cristal…

Pero ahora nos hemos transportado al mundo elemental
superior,
Jano deja oír
su carcajada,
Y es la hora de volver a casa

MITOLOGÍA
Han reinado las tinieblas indefinidamente
Y tú, Viracocha, divinidad elemental,
Has creado los primeros soles,
Has esculpido razas de gigantes pétreos
que se han marchado.

A las figurillas de arcilla
en el País de los Hombres-Pájaros
Les infundías vida.

Y allí han quedado muchos de ellos,
Aún no termina su escultura
de roca volcánica…
Y herramientas de piedra por millares
De repente abandonadas…

¿Qué te hizo cambiar de planes, Viracocha?

Descendiste del Cielo con tus seres de luz
sideral,
Te fuiste por el mar
prometiendo algún día
regresar.

LLEGAR
Pisar un lucero.
Silencio. Silencio. Silencio.
Lejano y cercano el rugido del viento,
sus olas;
Enormes planicies, enormes, enormes.

Después los destellos,
internos / externos,
un raro sentido del tiempo,
una rara especie de descubrimiento.

Inmensidad,
ausencia de todo y de nada,
añoranza nueva,
rumor que va creciendo entre rumor de voces
sin espacio,
sin presencia,
y sin embargo claras.

Pero siempre allá las grandes planicies,
detrás de una grandeza
hay otra grandeza.

Pisar
un
lucero.
descubrir
una
aurora,
llorar la terrible    inmensidad
del anochecer.

POR AHORA
El misterio que dejamos en torno a nuestra existencia
permanecerá en la sombra.
No queremos adhesión a nuestras ideas,
vuestras formas de pensar son suficientes,
como que existen hombres
de los cuales nosotros mismos
tenemos que aprender
y aprehender.

“La cultura de una Red Social,
no puede en un estado de desarrollo armónico
violarse profundamente
con la inserción de injertos
intelectuales foráneos,
sin grandes extorsiones
en su seno”

No queremos adhesiones para nada.
Cada estrella tiene su propia evolución
y revoluciones en torno a su sol.

Y huimos del dintel, de cualquier rol perseguidor,
víctima, o salvador.

Una línea de adhesión hacia nosotros
los podría sumergir en laberintos de angustia.
espejos falsos de choque,
destellos de muerte, utopías

DEBO RESPETAR FIELMENTE
Debo respetar fielmente
mi propia evolución,
la propia evolución de las gentes;
Debo respetar fielmente
mis ideales y leyes
aborígenes.

Debo respetar fielmente
el hecho de que mis hermanos
piensen un tanto o mucho
diferente.
Su diferencia, mi diferencia
su posible indiferencia y la mía
todo su mundo y el mío
otorgan riqueza al mundo.

Debo respetar fielmente
las creencias de los demás
al fin y al cabo,
solamente son creencias,
relativas como la vida.

Debo respetar la raza, el color,
las formas, todo egregor.
Y si quiero corregir errores
aprenderé a hacerlo
con muy suave disuasión,
Debo respetar fielmente
tu mañana, tu tarde, tu noche,
tu día,
todos los días que estamos
juntos
o separados,
tus deslices
y los míos.

Debo respetar
fielmente
tu vida,
mi vida,
la vida

***

Víctor Ricardo Ravines Mondoñedo (Cajamarca, 1949-2005). El Pato Ravines, como era conocido, fue profesor de Lengua y literatura, Filosofía y Ciencias Sociales. Publicó “Aquí y ahora” (1982) y “Expedición a la Tierra” (1991). Desde 1968 hasta el 2005, dirigió el programa radial “Hora seis”, probablemente el primero en difundir, en Cajamarca, un ranking del mejor rock.

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